Hoy tenemos a un villano invisible que llegó de repente y que como un huracán arrasó con todo a su paso, que transformó las risas en llantos y pintó de gris nuestros cielos azules sin darnos tregua porque ha sido constante sin distinción alguna y provocando entre otras cosas, que nuestros sentimientos pendan de un hilo, uno muy frágil que no soportará por mucho tiempo más el peso de la separación, de la ausencia de calor y de los besos encriptados que dábamos por sentados.
Hace apenas unos meses antes de que llegara la pandemia era común ver escenas en restaurantes, parques, cines y básicamente en cualquier lugar al que las parejas acudieran, en el que cada uno estuviera entregado a su dispositivo y cubiertos por el manto del silencio virtual ese que antes los separaba y que hoy paradójicamente los une.
Con la llegada de la pandemia y de la cuarentena se nos han revelado verdades que estaban ocultas o que no queríamos ver, pero que hoy han quedado desnudas frente a todos los que pertenecemos a la generación más conectada de la historia, demostrándonos que realmente estábamos muy lejos unos de otros, aunque físicamente estuviéramos juntos. Los escenarios más codiciados y anhelados para el amor han permanecido en silencio y a oscuras, han cerrado sus puertas convirtiendo a las historias allí vividas en recuerdos que se desvanecen y poniendo en pausa al amor y sus manifestaciones afectivas, para otros se congelaron y para otros más, lo transformó en una emoción llamada nostalgia.
Cuando la prioridad es sobrevivir el amor se transforma, porque ahora todos somos un posible peligro, lo que nos ha llevado a tener que sobrellevar la situación para conocernos de nuevo si es que vivimos juntos, o a defender al amor contra los villanos del miedo y la distancia a aquellos que no comparten el mismo techo. Por otro lado, la convivencia permanente, la falta de espacio, el estrés cotidiano, la crisis económica, los hijos, la rutina y el miedo al cambio, han despertado a la parte que menos nos gusta de nosotros y eso al amor lo mata lentamente, gota a gota hasta deshacerlo y hay quienes descargan la furia por la impotencia de la situación contra aquellos que decían amar, y lo peor, es que no se reduce a palabras o gestos, sino a la violencia física, a la agresión del cuerpo y del alma que no pueden ocultarse o maquillarse fácilmente y que dejan cicatrices profundas queriendo y no pudiendo aún volar hacia puertos más serenos por el miedo al virus invisible, ese que no llegó solo, porque trajo consigo a los peores virus de la historia: Los virus que cada ser humano esparce sin control dañando con palabras venenosas, actitudes irresponsables y con falta de empatía en el momento preciso en el que el mundo más la necesita.
Niños, jóvenes, adultos y gente mayor, estamos en el mismo barco iniciando de nuevo, reescribiendo nuestras historias, adoptando las nuevas reglas del juego de la vida y comprendiendo que de todo este torbellino también hemos tenido cosas buenas y particularmente en el amor.
Valoramos el tiempo, el contacto, el amarnos más allá del cuerpo, el acariciarnos por medio de las palabras y por la magia de la comunicación virtual acercando a todos, familia y amigos, esos que elegimos por elección y afinidad y que hoy extrañamos tanto.
El amor en la pandemia y pospandemia nos deja múltiples lecciones y en el amor nos deja clara la importancia de realmente estar los unos con los otros, para escucharnos, conocernos, involucrarnos, amarnos y a disfrutar de los momentos más que ocuparnos en publicarlos en redes sociales. También nos hizo redescubrir las actividades sencillas y placenteras como caminar en un parque, andar en bicicleta, disfrutar de una tarde de café en alguna terraza y de escribirnos y decirnos más seguido lo mucho que nos queremos.
No. No todo ha sido malo con la pandemia, porque también nos ha dado la oportunidad para reinventarnos hasta en el amor.
Samantha Goode
Consultora en comunicación e imagen